Sus pupilas me miraron fijamente, yo baje la cabeza sonrojada, era incapaz de mirarle a los ojos. El me agarro las manos, las apretó fuertemente contra su pecho y me susurro al odio “Te quiero, no voy a soltarte nunca” al momento me fallaron las piernas pero ahí estaba el, para agarrarme y abrazarme. No quería que se acabara ese momento, mi corazón latía rápidamente y me beso,, nada era comparable a lo que yo sentía en ese momento. Sentí que me sobraba todo, solo hacíamos falta el y yo, los dos para que este mundo tan injusto fuese perfecto.
Y desde entonces te quiero te adoro y te vuelvo a querer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario